3 jun. 2014

Los astrónomos descubren una mega-Tierra formada en el Universo primitivo

Los astrónomos han anunciado ayer lunes el descubrimiento de un nuevo tipo de exoplaneta. Se trata de un mundo rocoso que posee una masa 17 veces superior a la de la Tierra. Así, este planeta extrasolar es mucho mayor que la súper Tierra descubierta recientemente y se denominaría más bien una mega Tierra.


"Nos quedamos muy sorprendidos cuando nos dimos cuenta de lo que habíamos encontrado", dijo el astrónomo Xavier Dumusque, del Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica (CfA), quien dirigió el análisis de datos y realizó el descubrimiento.
"Este es el Godzilla de las tierras" añadió el investigador Dimitar Sasselov, director de la Harvard Origins of Life Initiative. "Pero a diferencia del monstruo de la película, Kepler-10c tiene implicaciones positivas para la vida".

La conclusión del equipo fue presentada ayer en rueda de prensa en una reunión de la Sociedad Astronómica Americana (AAS).


La recién descubierta mega-Tierra, un exoplaneta denominado Kepler-10c, orbita una estrella similar al Sol una vez cada 45 días. Se encuentra a unos 560 años luz de la Tierra, en la constelación Draco.
El sistema también posee un "mundo de lava", el cual posee 3 masas terrestres (Kepler-10b). Este otro exoplaneta está tan cerca de su primaria que posee una órbita extremadamente rápida, de 20 horas. Es decir que en Kepler-10b el año dura poco menos que un día terrestre.
Como todos los exoplanetas nominados como Kepler, Kepler-10c fue descubierto originalmente por la nave espacial Kepler de la NASA. Esta sonda buscó planetas usando el método del tránsito, examinando estrellas que se atenúan cuando un planeta pasa frente a ella. Mediante la medición de la cantidad de atenuación, los astrónomos pueden calcular el tamaño físico del planeta o diámetro. Sin embargo, Kepler no puede decir si un planeta es rocoso o gaseoso.
Se sabe que Kepler-10c tiene un diámetro de cerca de 29 mil kilómetros, unas 2,3 veces más grande que la Tierra. A partir de este valor al planeta se lo categorizó como del tipo mini Neptuno. Aunque ellos poseen una estructura superficial gaseosa y no rocosa. El equipo usó el instrumento HARPS-North en el Telescopio Nazionale Galileo (TNG) en las Islas Canarias para medir la masa de Kepler-10c. Encontraron que pesaba 17 veces más que la Tierra. Esto es mucho más de lo esperado. Esto mostró que Kepler-10c debe tener una composición densa de rocas y otros sólidos.

Las teorías de formación de planetas tienen dificultades para explicar cómo un mundo rocoso tan grande se podría desarrollar. Sin embargo, un nuevo estudio observacional sugiere que no está solo.


Otro astrónomo del CfA, Lars A. Buchhave, encontró una correlación entre el período de un planeta (el tiempo que tarda en orbitar su estrella) y el tamaño en el que un planeta cambia de rocoso a gaseoso.
El descubrimiento de que Kepler-10c es un mega-Tierra también tiene profundas implicaciones para la historia del universo y la posibilidad de aparición de vida. El sistema Kepler-10 es de unos 11 mil millones de años de antigüedad, lo que significa que se formó al menos 3 mil millones de años después del Big Bang.
El universo primitivo contenía sólo hidrógeno, helio y un poco de litio. Los elementos más pesados ​​necesarios para que los planetas rocosos se formen, como el silicio o el hierro, tuvieron que ser creados en las primeras generaciones de estrellas. Cuando esas estrellas explotaron, se dispersaron estos ingredientes cruciales a través del espacio para formar las posteriores generaciones de estrellas y planetas.
Este proceso debería haber tenido lugar luego de miles de millones de años. Sin embargo, Kepler-10c muestra que el universo fue capaz de formar tales enormes rocas, incluso durante el tiempo en que los elementos pesados ​​eran escasos.

"El descubrimiento de Kepler-10c nos dice que los planetas rocosos podrían haberse formado mucho antes de lo que pensábamos. Y si usted puede hacer rocas, también puede generar vida", dice Sasselov.

Esta investigación implica que los astrónomos no deben descartar viejas estrellas cuando realizan la búsqueda de planetas similares a la Tierra. Y si las estrellas viejas pueden albergar Tierras rocosas, también hay posibilidades de localizar mundos potencialmente habitables en nuestra vecindad cósmica.

Pf. Mariano Miguel Lanzi

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